junio 27, 2010

Elogio de la fragilidad

Hay dos formas de entender la vida. Como siempre una más fácil que la otra, esa misma es más popular que la otra y casi siempre es mejor vista. Por eso, esto es un elogio a la fragilidad. Basta sólo imaginar que prefiero ser una matica de algodón que cuando cae nieve, lluvia o simplemente sopla el viento, va doblando su tronco flexible y espera hasta que el sol vuelva a salir para enderezarse si haber perdido nada de lo suyo. Elijo ser una matica de algodón porque de nada sirve tener un tronco fuerte si las ramas son débiles y cualquier tormenta, cualquier copo de nieve hace que se quiebren y el árbol, ese árbol culpable de la teoría de la gravedad y del pecado, quede raquitico ante las inclemencias del tiempo físico y del abstracto.

Así los orientales explican las diferencias entre ellos y los occidentales. Y si me detengo veo que la economía es también un árbol y la política, la sociedad, incluso nosotros mismos, cabemos dentro de esta concepción. Tal vez es lo que más duele, nosotros mismos y los otros. Esos que son piedra y árbol, que tienen una corteza áspera y por dentro son blanditos como el corcho. Ellos critican a los sensibles, a los que lloran, a los que hablan duro. Son también los que tienen respuesta a todo porque el miedo los ha instruido lo suficiente. Están preparados para la muerte y no se inmutan, están preparados para guiar a los perdidos en la emoción y la ilusión porque tienen certezas y conocimiento.

Todo esto me aburre y por eso amo la fragilidad y la debilidad, por lo menos no voy contra natura. La vida en su esencia natural, no es rígida y no tiene un fuerte que rompe contra las olas del mar, son los seres humanos los que ponen rocas para defender las ciudades de las grandes mareas, son ellos los que miran con desconfianza a aquel que no se muestra fuerte ante las desgracias. Olvidan, ingenuos ellos, que fueron niños y que cada vez más vuelven a serlo. La edad de los adultos es un culto a la fuerza y es un momento efímero, un consuelo a la vejez.

7 comentarios:

Juan José Nieto dijo...

Precioso Sara! Me encantó leerte ahora que te conozco un poco mejor y comprendí el porqué del hondo sentido de tus palabras. Un beso.

Fortou dijo...

Recuerdo una fábula de LaFontaine que habla de esto mismo ;)

Paraconsistonta dijo...

Es suavecito. Me gusta Saruela

Anónimo dijo...

¡BRAVO!
AQUÍ HAY ALGUIEN HABLANDO CON SENTIDO.
SI LA PAUSA QUE HAS ECHO, TE INSPIRA LUEGO ASÍ...QUE VIVAN LOS SILENCIOS...!

SALUDOS DESDE EL CIELO... ESTOY DE CHARLA CON UN ÁGUILA...

belga_seg dijo...

Me alisto en tu ejército de la fragilidad ;) y te cuento dos secretos... uno, por aquí (bueno, por allí) se hizo famosa una frase hace muchos años: "El algodón no engaña". Era una estrategia de marketing, pero a mí me gusta mucho más como sentencia aplicada a tu texto ;). Y dos: la letra de una canción de Ismael Serrano, "todo es frágil: tu manera de amarme, mi fe, el silencio y la vida que duermen en una estación de tren. Tu contrato fugaz, la memoria, este hilo de voz, las quimeras que surcan estrechos..."

http://www.youtube.com/watch?v=TsEws8d8_eM

pd- ya has vuelto?

Cronopia Azul dijo...

juanjo: gracias :) todo estuvo más claro luego e estar en ese picnic al lado del Tormes

Fortou: ¿me la podrías pasar?

The Other One: sí, es más bonito cuando todo es suavecito.

Anónimo: gracias :) a veces algún destellito de lucidez se asoma por acá.

Belguita: Me gusta tanto tu comentario que te doy un puesto en primera fila del grupo de débiles. No he vuelto, sigo acá. espero ir al concierto de Tiza el 17 ya que el del orgullo sólo pudo tocar una canción...y me perdí el de Vega porque creí que era más tarde :(
Un besitooo

Vian dijo...

**