noviembre 19, 2009

Guardianes de Salamanca

Hace un mes, parece más tiempo, vivo en una ciudad que me ha costado definir. Es que no tiene un atractivo tan instantáneo como Madrid, Barcelona o Porto aunque fue declarada Patrimonio de la Humanidad y muchos personajes importantes han vivido en ella. Para querer esta ciudad rodeada por el Tormes se necesita tiempo y un abrigo.

Se hace difícil decir cómo es porque en su pequeño tamaño tiene todo el paso del tiempo, desde sus construcciones antiguas en el Centro y el puente Romano, al que sólo he visto a través de la ventana del bus, hasta el gran Corte Inglés y el súper centro comercial El Tormes en las afueras, que si quiera quedan bien lejos de la vista del turista. Y es que aquí donde yo vivo no hay mucha gracia, unas callecitas delgadas manchadas con las líneas para los peatones y las flechas que indican la dirección correcta, los tanques grises para la basura orgánica, amarillo para los envases y el plástico, verde para el cartón y el papel, y azul para el vidrio. Son calles normales, con edificios que no superan los 6 pisos, con andenes, árboles que desde que llegué han ido cambiando de color hasta dejar raquíticas las ramas que ven desde arriba sus hojas en el piso.

De camino al centro si hay cosas interesantes: casi todas las paredes están rayadas y pintadas, o tienen un stencil bonito como uno que hay en mi ruta para la universidad que es una pistola que dispara corazones, pero lo que más me gusta es ver a esos hombres y mujeres de tres pies que con la lentitud que los caracteriza van paso a paso, los hombres con sus gorras que terminan en punta y las mujeres con un escaso tacón que les debe recordar su juventud ya pasada. Y se les ve tan bien, tan seguros de la mano del otro que los guía por los suelos pavimentados que cambian radicalmente a suelos de piedra cuando uno llega caminando por el Paseo Carmelitas a la Plaza de la Fuente.

Ahí empieza la ciudad que me gusta: antes del otoño cuatro grandes árboles encerraban una pequeña fuente que no tira agua por montones, sino que con la sutileza que caracteriza esta ciudad, deja salir cada dos segundos un chorrito de agua, casi nadie lo ve, es un lugar de paso nada más. Abajo se empiezan a ver los grandes monumentos de las catedrales, las paredes con letras que parecen sacadas de un libro de hace muchísimos años y que dan nombre a cada rincón especial de Salamanca. Si uno levanta la cabeza ve a lo lejos los faroles que guían a los estudiantes en sus noches de fiesta (que son todos los días) y que me llevan feliz hasta la Facultad de Geografía e Historia y a mi calle favorita Rabanal por donde apenas cabe un carro y donde las enredaderas han tapado casi todo el muro de una antigua casa.

No puedo dejar de hablar de la Plaza Mayor, que a diferencia de la de Madrid, es toda del mismo material y de noche es un encanto por las luces tenues que iluminan cada uno de sus pequeños balcones así como a los arcos y a la bandera de España y la de la provincia de Castilla y León. Este detalle es una de las cosas que más me gusta de este país: los lugares importantes, los edificios, los monumentos, la calle de las letras en Madrid, todo lo que tiene relevancia histórica es iluminado por luces bajas, entonces en un juego de luz y sombra, los contornos se definen y se crea ese ambiente misterioso del gran monumento al que mis ojos no paran de adorar porque todo es como en una historia vieja, de la Edad Media o como un cuarto de museo.

Aquí me detengo porque la razón por la cual hoy escribo se debe precisamente a las figuras que vigilan y protegen esta ciudad. Hay muchas clases y eso es lo interesante. La mayoría son figuras católicas, la virgen en varias presentaciones, Jesús clavado ahí en su pobre cruz, uno que otro sacerdote inclinado hacia adelante y con un crucifijo entre las manos, unas gárgolas miedosas que ahuyentan a cualquiera, una rana escondida que es el símbolo de la ciudad y la razón por la que algunos pierden el semestre pues quien no la vea, está condenado a un mal semestre; y lo más lindo, unas conchitas como de juego de maquinitas que son la bienvenida a la Biblioteca Pública, y que seguro guardan tesoros como los libros redondos, de los que algún día hablaré.

A pesar de que Salamanca es la CIUDAD UNIVERSITARIA POR EXCELENCIA, pues su Universidad es la más antigua de España y de Europa, no me gusta recordarla por eso. Sí, es una verdadera Torre de Babel porque en una esquina hablan tres francesas, un belga, las chinas, el de japones y los suizos y los alemanes y los colombianos que parecemos italianos (nada más absurdo pero bueno) y las clases son geniales porque mientras los españoles reniegan por ser minoría en el salón, los extranjeros describen lo más que pueden una situación para poder hacerse entender. La riqueza del español permite hacerlos divagar por sensaciones de hace un tiempo que les traen imágenes de cosas que quisieron y que ahora sentados frente a un profesor de geopolítica se les viene a la mente, cuando todo lo anterior se pudo haber resumido en un: profesor tengo un recuerdo. Eso es lindo, ver como explotan el lenguaje para explicar algo que nosotros que hablamos español decimos en una sola palabra.

Decía que no me gusta la Salamanca universitaria sobre todo porque creo que se le quita el encanto de Patrimonio de la Humanidad si se piensa en salir todos los días a la una de la mañana para regresar a casa, si es que regresan, a las ocho o diez y tener clase a las dos. Pero algo tengo que reconocerles, se ven preciosos disfrazados todas las noches, con la alegría que ocultan cuando están en clase, cantando en cualquier idioma y tratando de conjugar los verbos en la segunda persona del plural que se pierde en eses.

En definitiva los guardianes son muchos, los de piedra allá en lo alto de las grandes construcciones antiguas iluminados por un farol o por una lucecita que no se sabe de dónde sale, los estudiantes con crestas de colores, jarras de licor y dulces cantos en varios idiomas y los viejitos de tres pies que con sus ropas marrones, grises y a veces verde oliva, muestran el paso del tiempo de una ciudad antigua, de un lugar de grandes descubrimientos y grandes personajes que hoy en esta habitación llena de fotos me hace sentir nostálgica porque ya se acerca el día en que me tendré que ir, cuesta abajo, en un bus y luego en un avión para mi Colombia.

Sé que el paso del tiempo me hará volver otra vez aquí, al frío y al viento, al claustro que me enseñó otro mundo, un mundo que hoy no puedo explicar.

noviembre 04, 2009

Porque de todo empieza a ser ya mucho tiempo

No es que haya pasado algo y sin embargo han pasado muchas cosas: ya el verano se quedó con su mar, con el sol y las risas en unas fotos y unos textos que nadie recordará, el otoño casi ni se dejo ver porque empezó tarde y ya sólo queda su rastro con miles de hojas que se tropiezan torpemente con los pies fríos de la gente y las llantas de los carros que no tienen consideraciones. Y así hace rato he olvidado sueños que tuve y que eran importantes y ahora son absurdos y...

Todo está dentro de ese torbellino las casas, las carreteras, las caras, las camas, el cielo, el mar, las flores, las hojas, las horas, las siestas, las malas noticias, las buenas compañías, los ratitos donde las lágrimas estropean cualquier cara o la enternecen (todo depende de quién sea el portador de esas gotas saladas); todo repito, está envuelto en giros que no paran de impulsar a los instantes a una velocidad más rápida que la de la luz y cuando está todo oscuro, vuelve el vacío. Y las preguntas también y los miedos también. Es un huracán que nace desde mis ojos y que no sólo mueve todo, lo revuelve todo, sino que lo repite todo. De nuevo las náuseas, el sin sabor y a veces el llanto.

Y al final de los días, siempre un resumen. Una síntesis de los momentos que no son míos pero que me duelen, de lo que he perdido por querer la perfección, de los daños irreparables que alguna vez hice y que son ya, pecados imperdonables. La incertidumbre es siempre mi conclusión. Nunca aprendemos, no hay nada cierto en todo lo que vivimos, no hay nada seguro y hay que salir a la calle sin ropa en pleno invierno. En cada esquina seguro alguien te entrega una media, que en la noche un hombre te está quitando para comerte los pies. En la cama de ese hombre, hay cobijas y calor. Y en la mañana, otra vez caminas por la ciudad con el viento que te hace arder los ojos y con las medias de tu compañía de anoche. En la estación del tren una mujer te roba las medias y así hasta el infinito.

Hoy los árboles no alcanzaron a despedirse de sus hojas pues en la mañana ya habían desaparecido. Yo, como ellos, espero una noche de estas perder algunos recuerdos.

septiembre 18, 2009

Carta de un fin de semana


Madrid, 18 de septiembre de 2009


Ignacio, Ignacito, Nacho mío:


Me sorprendió mucho encontrarme ese cuadernito de cartas en las que más que amor lo que las envuelve es ese calor femenino, y a veces masculino del gran Julio. Emocionada empecé a leer cada párrafo que sin duda con el tiempo fue creciendo haciéndose más largo, más fluido, más chismoso. Las últimas fueron dolorosas, saber de su pronta muerte y de repente la que se había ido era ella que lo dejaba "tan solo y tan deshabitado" y con un libro empezado sobre su último viaje que tendría que terminar solo (deberías leerlo es precioso).

Pero no es de eso que te quería hablar. Traigo el libro a esta hoja mal escrita para contarte que yo como ellos he estado viajando no tan cómodamente ni por tanto tiempo - aunque lo he sentido igual de largo - por lugares increíbles. Primero fue Andalucía y su playita en Estepona donde vi al otro grande, ese posudo que me mata. Luego Granada y la belleza de las placitas, las construcciones y eso que creo has visto en fotos. Más tarde visité los rincones de París, creo que algo te han contado por ahí y sino estoy segura que vos mismo has esculcado algún lugar del ciberespacio para encontrar una referencia de lo que he hecho. La curiosidad siempre ha sido tu debilidad. Sin embargo, en ninguno de esos lugares me he encontrado tan agusto como en Oporto, Portugal.

He tratado de entender qué es lo que tiene y por qué me gustó tanto y poco es lo que puedo decir. En parte siempre has sabido que me gusta mucho el sonido de las gaviotas porque me hace sentir en medio de una película triste donde el protagonista está sentado en laplaya pensando en que tal vez es mejor caminar mar adentro y nunca parar. Tal vez es más simple y su canto me indica que estoy cerca del infinito, de esa tela azul que se extiende a lo largo, a lo largo. Puede ser también que allí recordé algo de mi infancia, obviamente no es ningún referente arquitectónico (¿en qué se podría parecer Labores, Rionegro, La Ceja, Medellín a una ciudad vieja en todo, menos en el metro y los buses, una pequeña ribera que bordea el río, que llega al mar, que llega a la nada?). Recordé algo que me dijo una vez mi madre: aprendí hablar y a partir de ese momento todo lo leía, todo lo quería decir (vos sos más testigo de eso que nadie) y lo lindo fue que me di cuenta que no había cambiado para nada. Recordé mis mañanas frente a la caja de Zucaritas y la lectura obligada de los ingredientes, los porcentajes de grasa, nutrientes, el Zinc, las aventuras del trige Tony, todo, letra por letra así fuera insignificante. En París el primer día y el segundo fue igual: miraba a todos lados y con mi poco francés trataba de entender lo que decían los anuncios, las letricas chiquitas del tarro de la leche. En Oporto con mi nulo portugues fue igual.

Cuando hablabamos de las coincidencias y de las casualidades (nunca he podido entender la diferencia entre esas dos palabras) creo que dijimos que eran parte constitutiva del sentido de nuestra vida, que sin ellas, sin las relaciones, nos sentiríamos muy solos pues nada tendría que ver con nada y hacer que cualquier cosa cuadrara requeriría más tiempo del que disponemos. Pues bien, creo que fue una casualidad-coincidencia la que me hizo sentir como en casa. Llegamos al Hostal (Poets Hostal que no es lo mismo) y después de haber comprado un vino del cuál conservé el corcho (es tan lindo, tiene marcas como de olas y dice Douro dos veces como para que no se me olvide) nos sentamos en la terracita. Con el frío que hacía. estaba helada, ya te podés imaginar. Abrimos el vino, brindamos por estar ahí y al primer mordisco del sanduche, que la noche anterior habíamos preparado aquí en la casa de Madrid, tuve esa sensación que es parecida a un déjà vu que te recuerda un momento preciso, un lugar y una persona concreta, como los olores. No sé si fue la pimienta, el pan, el jamón, el queso o el tomate, pero sentí que estaba en mi casa, con el sabor de las cosas que todos los días cocino y fue tan lindo, tan significativo.

Me voy a quedar cortica como siempre. Debería seguir tu ejemplo y ponerme a escribir postales a ver si con el espacio reducido aprendo a escribir cortico. Además de comer rico en un restaurante al lado del mar (Camarones al ajillo, a los pobres se les veía la cabecita ahí...), de caminar por calles empinadísimas, de ver a la gente anciana porque poquitos jóvenes hay en Oporto, de sorprenderme al ver una bandera gigante de Colombia en las calles que bordean al Duero y descubrir que en una edificio viejo y acabado queda el Consulado de Colombia donde desearía trabajar, después de tomarme un Favaíto (es un aperitivo que se parece al vino dulce que hace famoso a Oporto) a altas horas de la noche y con una temperatura dolorosa para los tornillos de mi rodilla, después de todo eso hay algo más que me indicó que ese lugar era especial.

Buscando un bus para ir a la Praia dos Ingleses subimos cuesta arriba por una calle llena de escaleras. Siguiendo las indicaciones del mapa que tan bien sabe leer Gabriel, nos cruzamos casi en todas las calles a unos gatos preciosos: el primero tímido tomando el sol al lado de la puerta de su casa posó un rato para mí que sabes que no me puedo resistir ante tanta ternura y quería muchas fotos, luego uno juguetón que estaba estirado en el borde de una ventana y que con sus uñas afiladas me dejó una marquita de sangre en mis dedos. Más tarde, una belleza gris con rayas grises más oscuras me enloqueció con cada pose, cuál más apropiada para querer recogerlo y llevármelo a mi casa. No pude obviamente.

Todo lo que he escrito antes de este párrafo es sólo una excusa para decirte que creo que te vi. No sé si andés por Oporto porque la última vez ni siquiera me pude despedir de vos. Cuando llegué a una placita vi un gato negro con blanco. Sus ojos amarillos fijos en mi cámara me recordaron los tuyos. Creí que eras tú y me acerqué. Me miráste como siempre me habías mirado y después del ladrido de un perro te metiste debajo de los carros. ¿Estabas ahí mi Nachito?

Los otros detalles de ese puerto se me pierden un poco, quizás porque así lo quiero. Es que con las ganas que tengo de volver quisiera no recordar nada para llegar allá otra vez como la primera vez. Tomar el metro que se detiene en las estaciones al aire libre, sin controles, sin vigilancia. Todo es tan tranquilo allá. Beberme una botella de vino y bajar adoquín por adoquín alargando el encuentro con el Duero. Guiarme por la luz del Faro que nunca vi para llegar ahí donde río y mar se convierte en el océano del que tantos han escrito tanto.

No sé qué dirección poner para que te llegue esta carta. No sé si algún día la leerás, aquí en Madrid como en todos los lugares, siempre recuerdo lo feliz que era cuando de noche llegabas a mi cama.

Como decía Pacho un amigo que tampoco conociste: nos veremos en otra vida cuando seamos gatos.


Tuya siempre,

Sara

septiembre 10, 2009

Buho Real

Tiza

De colores como siempre, entonada como siempre, dulce como siempre. El barsito de las calles en cenizas, escondido y amparado por un Buho, real que no es lo mismo. El encuentro con la desconocida de los soliloquios, a la que le conoces la letra pero no las piernas. Parada en un rincón cerca al baño y los ojos de Tiza detrás de los dos intrusos que siempre llegan tarde.

Mirár, volver a mirar y descubrir que la timidez te puede. Agarrarte, agarrarte fuerte de la mano de él que sonrié mientras afirma para él mismo que no debería estar allí. De repente, como en la canción, reconoces la voz, la guitarra y la melodía. Cambias de posición, le sonriés a la pequeña que está cerca del baño y sabes que es ella. La unidad se completa, los cristales de fijan y estás al frente de Tiza, en el Buho Real acompañada de Anita y de él, que vino obligado, bebiendo un vaso lleno de vodka-naranja, en Madrid.

P.D: lo mejor de la noche lo descubriste al otro día. Una notita secreta en tu billetera de un hombre que te invita a seguir soñando a su lado.

agosto 19, 2009

París

Hace una semana volví a lo que ahora es mi casa. Cansada de caminar con la Recherche (así bautizó Gabriel al mapa de París por barrios, debido claro a su mal francés) en la mano y el mapa del metro que sólo entendía yo, lo único además. Aún hoy me cuesta poner en palabras lo que toda mi vida había sido un sueño, muy, muy lejano.

En Barajas y mucho antes cuando me estaba bañando, sentía que las piernas me temblaban y una cierta emoción, como cuando calentaba para jugar los partidos de voley, no me dejaba estar del todo tranquila. En el aeropuerto todo se simplificó: filas, pasaporte y a la entrada del avión, la azafata dijo: Bonjour mademoiselle, un bonjour casi entre dientes salió de mi boca que todavía no estaba preparada para ejercitar el poco francés que aprendí en Medellín. Sentada en la ventana del lado izquierdo, espere con ansias, la torre que según Gab se veía preciosa, iluminando con su luz de faro ese París de mis anhelos. Y así fue, oyendo en el Ipod al Torito de Cortázar, con su jerga argentina casi imposible de entender, una luna que no podía ser más grande y su reflejo que acompañaba el paso del Sena, la ví: torrecita pequeña de maqueta (pensé en mi hermano inevitablemente), torrecita pobre, sola y admirada, torrecita que más tarde conocería haciendo un picnic con vino, UNE baguette y un queso que no olía nada bien pero que estaba casi a la altura de la torre.

Los Campos de Marte, nombre que sin duda envuelve de gracia ese parquecito que está al frente de la Torre Eiffel, fue el escenario perfecto para ver cómo por mi torpeza natural se derramaba el vino en mi ropa y nada más que hacer. El francés repetido de la gente que al principio era casi un lenguaje desconocido ambientaba una tarde perfecta y una noche que con luna llena vio encender las miles de luces que esporádicamente iluminan la Torre.

Los primeros días me negué hablar, no me salía ni el merci, ni el nada. Después cuando Gabriel en su patético francés y en su "give me two crepes, please" me desesperó entendí que debía ser yo la que hablara y poco a poco dije cualquier cosa, hasta que el último día pude hablar un rato larguito con un vendedor de crepes, sin miedo. Quedé enamorada de los crepes, de poulet et fromage (pollo y queso) con mucha pimienta de un puestico en Saint Michel al que ibamos todos los días y de el típico nutella et banane que era el postre prometido cada día, cada noche.

No sabía yo, en mi terrible ignorancia del mundo, que cerca a Sacre Coeur estaba anclada la comunidad africana más grande que he visto, bueno la única en realidad. Un día sin rumbo, caminando por el Boulevar Rochechouart, al que con cariño le decíamos rochechua y que a veces se confundía con el recheche, fuimos entrando al barrio. Las telas de los vestidos de esas mujeres son sin duda una de las cosas más lindas que he visto en el mundo y claro, el desorden natural de una comunidad en la calle (algo así como el Centro de Medellín) y la constante de la piel negra, hicieron que por un momento Gabriel y yo nos mirarámos y nos sintieramos fuera de lugar. Los únicos blancos en el corazón del barrio africano. Terminé comiendo en un restaurante casero Senegalés difícil de olvidar.

También hice el respectivo turismo: Louvre gratis porque un señor nos regaló las boletas (la suerte que nunca falla), Pompidu que entre una banda de instrumentos de juguetes OMP (orchestre miniature in the park) y una exposición de Kandinsky me dejó sin aire, Sacre Coeur que me tocará volver en otra época porque estaba lleno de turistas famas y ya saben que eso a los que nos creemos cronopios nos mata, Notre Dame que me parece el colmo, porque no hay derecho que una cosa tan linda sea un negocio tan lucrativo ¿o sí? y algunas tumbas famosas en los cementerios de Père-Lachaise y el de Montparnasse fueron los lugares que me llevaron a mis dos mayores felicidades:

Parecerá una tontería pero para mí París es ante todo Cortázar: soñé con conocer el Moulin Rouge (que es otro negocio patético), la torre, el Sena, todo lo lindo y majestuoso que tiene París, inclusive el Palacio de Versalles que no conocí porque estaba cerrado pero que no lo cambio por la siestica en el lago al frente de los jardines del Palacio, pero nunca pensé que significara tanto estar en los rincones que Cortázar trazó en Rayuela. Quizá esto no se entienda, pero no importa, es tan mío que es lo que vale.

Todo empezó en el cementerio de Montparnasse donde está enterrado al lado de Carol su última esposa. El día había sido horrible y sólo queríamos ir allá a ver esa tumba y ninguna más. La verdad todo el tiempo me pregunté qué sentido tenía visitar un cementerio como si fuera una obra de arte y mucho más qué significaba visitar a los famosos que como Oscar Wilde tienen un altar simbólico en su tumba. Frente a la foto de Wilde y al lado de mil besos, yo también besé esa piedra carrasposa, por Laura Luna y mi hermanito así le parezca patético y porque Wilde siempre me ha parecido el ejemplo perfecto de la virtud. Sin embargo, en Montparnasse todo fue un caos. No encontrabamos la tumba de Julio y yo ya estaba pensando que me tocaría volver al mapa ese para verificar el número porque no me podía ir de allí sin verlo. Alcancé a pensar que eso iba en contra de la voluntad de Julio y que él no quería que yo viera su tumba. Así que Gabriel me dijo, Sasi vamos eso no está acá, ven mejor y nos vamos. Yo con la carita derrotada me fui acercando hasta donde él estaba y cuando vi que sonreía, entendí que algo pasaba. La tumba lisa que recordaba por el video que hay en Youtube estaba llena de cosas: cigarrillos, notas, dibujos, piedras, tiquetes del metro, caracoles. El letrero casi no se podía ver. No sé qué me pasó, pero sentí que quería llorar y traté de evitarlo tomando fotos y leyendo las cartas, casi todas en español que le había dejado la gente. Ahí estaba ese hombrecito gigante, al lado de su único amor y yo no podía hacer nada. Le dejé una nota, en un tiquete del metro, que hoy me parece tonta.

Había dicho que eran dos mis grandes felicidades y que tenían que ver con Cortázar. La segunda es quizá la que más me importa. Antes de viajar y cuando ya teníamos comprados los tiquetes para irnos a París, Gabriel me dijo que me tenía una sorpresa, algo que quería hacer conmigo. Cuando llegamos a París abrió su libretica gastada, donde anota versos, direcciones, calles, teléfonos, y entre las páginas me dijo: quiero que hagamos algunos de los recorridos que hicieron la Maga y Oliveira en Rayuela: escogimos algunos y así caminamos por Pont Des Arts, el puente de la Maga, por la Rue Cherche-Midi que nos regaló un lindo patopatopatopato, por la Rue de Seine, por el Boulevar Sebastopol, pasamos por la Rue Reaumur, por la Place de la Concorde y nos imaginabamos un París que debía ser muy distinto a esta metrópolis comercial y monumental.

Ahora que vuelvo a leer Rayuela y después de vivir el capítulo 28 de Rayuela con policía incluída porque este vecino sí que la llamó, siento que ese es el París que me gusta. El que conocí este agosto, es un París distinto, un París donde bailan salsa al lado del Sena pero a lo cubano y a lo puertorriqueño, o mejor, bailan una salsa aprendida en escuela dando vueltas sin parar, un París al que no el cabía un turista más, un París sucio y un poco desordenado, un París donde el sol no sale nunca a pesar de estar en verano, un París donde el amor es difícil de encontar, un París majestuoso, ostentoso, ladrón y rico.

Así son las cosas...

agosto 15, 2009

Bunbury

Es la traición cantada y las ganas de no ser más lo que soy. Estar ahí presente ante la figura del que siempre quise ver y su voz falsa rompiendo todas las barreras de mis recuerdos hasta llevarlos al frente y deshacerlos. Mil sonrisas seguidas acompañadas de lágrimas que nunca salieron y una emocioncita por dentro que no se podía contener.

Durante varias horas la música modificó mis sensaciones, mis anhelos y mis deseos más profundos. La energía, las palmas de Andalucía todo el mundo confabulando para que ese instante sea ahora memorable.

La mejor traición, la mejor noche, acompañada de una luna increíble y pocas palabras más.

Y ahora tengo las arterias llenas de etceteras y un corazón espartano y unas manos que creen en los milagros...

julio 26, 2009

Madrid

Madrid huele a mujeres frescas y descomplicadas, huele a amores perdidos en el metro o en algún bar de tapas.

El calor del verano adorna los gatos de El Retiro y los balcones que sin temor se asoman imponentes en las paredes de los edificios viejos.

No sé cuándo dejará de ser un paseo y las llaves de mi casa serán la cotidianidad de siempre, el ir y venir de un lugar a otro ya no con cara de desconocida sino con cara de tatarabuela de la ciudad.

Imposible ignorar las lenguas que masajeando los dientes se dentien en un exquisito ceseo y un vale que aprueba y desaprueba. Así mismo las letras, los acentos y las entonaciones de los ingleses, los franceses, los rumanos, los africanos y los indúes que con un esfuerzo sobre humano aprendieron a hablar español, españolete, sin nunca perder, la emoción de poder decir Magnifique!, Great! o cualquier otra palabra de asombro tan perdidas en este mundo en crisis.

Por ahora las horas se pasan entre mujeres y hombres más altos que yo, una ciudad que pocas veces duerme y que la mayoría del tiempo se pasa en la calle, en la cama o en un balcón.

julio 09, 2009

Vida Simple

Antes de que se me olvidé lo que estoy pensando o que me agobie la cantidad de cosas que debo hacer en el día, ir a Medellín, reparar la cámara, acompañar a mi prima en su operación de corazón y sobre todo pensar. Antes de que la rutina me imponga los horarios (ya están apurándome en la puerta) tengo que decir que descubrí una gran verdad.
Una verdad de esas que podrían ser frase célebre en alguna página de Internet, de esas que podrían salir en una galleta de la fortuna, aunque dudo que alguien la entienda en toda su expresión (ya lo intenté), pero al fin y al cabo, una frase que resume la angustia de ciertas personas que, tengo que admitirlo, me suelen desesperar.
Seguro han oído por ahí la súper frase "A mí no me gusta la rutina, odio las cosas monótonas", por esa razón se destruyen relaciones, la gente se muda de casa, compra carros nuevos, compra otro bluejean así tenga cinco nuevos. Pero es que el problema principal de todo esto es que justo a esas personas que no soportan la continuidad de la vida en línea recta, son las mismas que defienden el orden establecido, la vida simple, sin sobresaltos, sin incertidumbres.
Entonces yo la verdad no entiendo, por qué se quejan todo el tiempo y cambian todo su entorno cada vez que pueden, y a la vez si algo se sale del plan establecido, no falta el grito en el cielo, pasa si el señor que arregla la ducha no llegó temprano, si de repente el bus que pasaba todos los días a las 8 pasó a las 8:01 y si por algún motivo algo se sale de su orden del día previamente establecido ¿Acaso eso no es rutina?
Yo sigo siendo una defensor a ultranza de los problemas, de las dificultades, de los obstáculos de la vida (sin negar que a veces son excesivos). Estoy en contra de las personas que dice "La vida es tan difícil" porque la verdad, me parece lo peor una vida fácil. Por eso no me gustan libros de autoayuda y por eso me da ira de la mala estar sentada al lado de alguien que lea al Walter Riso. Casi siempre busco un librito en mi mochila o el periódico, que puede que no sea tan ayudador, pero por lo menos no es WALTER RISO! y lo pongo al frente de la señoraqueestádesesperada. Eso me hace sentir mejor.
Como se me acaban de ocurrir varias cosas para hacer en este instante, pararé de escribir ya, no sin antes decir la verdad suprema, el descubrimiento del año:

"la gente que no soporta la monotonía es esclava de su propia monotonía"

junio 01, 2009

Periódico de Ayer


Ha sido increíble, pero las cosas increíbles se acaban...

Se desvanecen, como los orgasmos...

Así fue, un orgasmo que se acabó y ahora soy yo la única que está sintiendo.

Lo mejor es que nunca es el mejor orgasmo...!

En el fondo es lo que siempre esperamos...

Esa es la esperanza....

Una confesión de lo más escueta...

Y la tristeza es porque ha sido el mejor...

Esa es la tristeza....

Conversaciones pasadas sobre esas cosas que siempre serán tan humanas, como la soledad.

abril 22, 2009

Mayo sin vos

Podría cantar mil veces Wish you were here y gritar otras tantas para que alcanzaras a oír mi tristeza. No puedo y sé que no habrá nada que cambie las cosas tal y como están. Aún guardo la esperanza de que algún día la verdad sea otra y pueda sonreir cada vez que recuerde lo que hoy me duele recordar.

Tal vez nunca suceda y la muerte me arrastre sin poder decir: lo siento. El problema de todo esto es que ya son muchas noches seguidas y la cama está destendida y vos estás solo. Allá donde nadie te acompaña con tu egoismo y tu rabia. El orgullo suficiente que tenés para matar todo en lo que creiste. Pero las cosas no son así, algún día lo sabrás. Entenderás que la gente que se confunde tiene razones y que ser parte de un cuerpo tiene limitaciones que no nos dejan respirar cuando el tanque se está llenando y no hay un salvavidas cerca.

Será tarde, muy tarde cuando puedas recordar sin dolor y aceptes que hasta los ojitos, el conejo y la coneja fueron tuyos por largo tiempo. Odiaras las mañanas y la vía hacia tu casa porque en cada carro estará ella diciendo: Aquí te amé, aquí te bese, aquí me enamoré, aquí te odie. Aquí aquí y aquí es donde estás. Y sabrás también que nada fue en vano porque valió la pena vivirlo aunque fuera una sola vez.

Sé que ese día querrás estar con la mano debajo de la almohada, esperando que mis dedos te acaricien hasta que te duermas, porque sólo en sueños podremos ser lo que alguna vez soñamos, porque sólo ahí el odio habrá desaparecido y seremos otra vez...seremos vos y yo.

abril 21, 2009

SALOMÉ DICE

Llegó la hora de ponerme seria y empezar a responder ciertas preguntas que he evitado estos días. Para poder reconciliarme con algunas de mis sensaciones presentes, pasadas y tal vez, impulsar las futuras, tendré que pensar un poquito en lo que día a día me va deslumbrando:

LAS MANOS DE SANTOS


Estabamos frente a frente como en las escenas de amor de las películas cursis. Vos hablabas sin parar de periodismo, medios, parapolítica y Semana y todo lo que sos y querés y pensás. Yo te miraba como siempre te he mirado, como se mira una camisa que no podés comprar o al novio de tu amiga que está hermoso pero es el novio de tu amiga. Detrás de tus gafas pequeñitas estaban los ojos que uno y otra vez pasaron de arriba a bajo la multitud de cabezas que te seguían sin parpadear, y una sola vez te encontraste conmigo, en ese instante en que según dice por ahí pasó un angel y todo quedó en silencio, suspendido.

Me miraste y me puse fría porque estaba deseando que no tuvieras anillo de casado y que esas manos que tantas veces temblaron, que sacudiste sin parar cuando te acordabas del proceso 8000 y de Pablo Escobar, deseaba que fueran mías y sólo mías.

No puedo hacer nada más que escribir, a ver si algún día puedo poner la palma de mi mano sobre la tuya.

marzo 17, 2009

Las Fotos Y Vos

Salí para no encontrarmela entre la gente que veo cuando la calle está llena. El murito en el que hice equilibrio cuando estabamos juntos, me sirvió de puente entre esos pies que no paraban de caminar lentamente. Así lo esquivé. Llegue a la Plaza de las Rosas y me apresuré por el callejón de piedra. No quise mirar al frente, eran muchas la señales de su presencia. Caminé mirando la punta de los cordones esconderse debajo de la suela, creo que quisiera ser suela o cordón.

Es como cuando te levantas y sientes que el día está muy normal para ser un martes a las seis de la mañana. Aún así, te levantas sintiendo que algo está pasando en tus manos y en tu mente, una sensación que está acompañada de un pestañeo con una imagen fija, de un momento especial, de un día que ya pasó.

Sabes que ya tiene que parar esa situación, que no puedes seguir siendo el tonto y que perderse en sus ojos nunca ha sido una buena decisión y más sabiendo que las mujeres, como ella, no están preparadas para entender ni tu libertad ni tus ganas de amarlas como a ti te gusta, a fin de cuentas la única manera que tienes. Así que te armas de valor, ese que tantas veces falta cuando la tienes cerca, y dejas de llamar.

Ella sigue siendo linda. Está triste, a veces no hay nada más sensanto que estar triste. Está sola pensando que tal vez sería bueno leer un libro y creerse la protagonista y así vivir una vida distinta a ésta. Le gustaría hacer un desnudo porque siente que es la mejor forma de fijar su sensualidad en la retina de alguien ya que no puede hacerlo ante sus ojos, porque él decidió que eran suficientes miradas y caricias. Se envolvió en su sabanita y no volvió jamás.

Parece que todo era un juego nada más,
¿Dónde está la gracia?

febrero 27, 2009

Tan siquiera un instante pensaré en esos días...

El tiempo se ha detenido de todas las maneras posibles. Tres besos, tus manos, tus gritos y tus lágrimas, lo inexplicable me encierra y me aprisiona. No recuerdo la sensación que me despertó sabiendo que ya todo estaba perdido y que la sola apariencia de lo irremediable paracía fundirse en mis labios.

Ya no soy tan buena como antes y lo que aprendiste de mí es también todo lo que perdiste en esas noches incromprensibles, en la espera intranquila de una decisión que terminó por robarte cada cálculo y por ponerte desnudo encima de un cuerpo muerto y adolorido. Lamento las horas que perdiste mirando la montaña y deseando estar ahí hasta el infinito. Las estrellas están asustadas de tanta nostalgia y mi cuello repite en cada palpitar las palabras que nunca volverá a oír.

Es demasiado tarde para emprender nuevas miradas porque estás cansado de mirarme y no reconocerme. Lo que no sabes es que el fraude tiene un castigo atroz sobre la piel blanca y las mentiras y bajo ese miedo soy irremediablemente una víctima más. Perdóname por ser parte de un círculo simple y común y por no poder estar presente en esos momentos donde lo que más necesitas es una sonrisa y un leve pestañeo que te ayude a dormir en las noches y que te despierte después del campaneo.

diciembre 22, 2008

Un Secreto

Ya me di cuenta que sabes mi secreto. Sí, sí, detrás, por ahí, más atrás. No me atrevo a besarte porque sé que parte del encanto de estar frente a ti hoy, es no tocarte. Quiero parar de sonreír aunque cada palabra que dices, susurras y hasta callas se cola por mis labios y me hace cosquillas y entonces… sonrío. Es inevitable. Las sombras están otra vez sobre tu cara, lo siento en mi vientre, en el calor de mis manos y mi boca, intranquila, no se puede controlar.


Esta vez no hay ninguna excusa que me salve. Sé que tus intensiones van más allá de lo que pudo ser una simple mano sobre mi pierna, lo intuyo. Y ahí estás lleno de manos que no paran de dibujarme y atraerme a lo que el placer tiene para gente como vos y como yo. La inmensa oleada de emociones que se arrincona al agresivo ataque de tu lengua en mi entrepierna, mientras mis ansias no paran de temblar junto a tu cuerpo.


Una y otra vez mi pelo te pide a gritos desesperados con la esperanza de que tu peso arranque mi fuerza y pueda desvelarme colgada en tu nuca. Abajo todo está bien. Sigo derritiéndome a cada instante cuando tengo la certidumbre de tu deseo. Esa misma sensación que me sostiene en tus huesos y que me impide parar cuando ya tus piernas no pueden más es la misma que cada noche me enloquece cuando mis dedos empiezan a jugar.

agosto 02, 2008

Mis Cosas


Tal vez en este momento quisiera decir muchas cosas. Mi vida está determinada por cada segundo que pasa y que siento mío, como todo. Hay detalles que evocan la esencia de lo que alguna vez sentí y que ahora se reducen a unas cuantas sonrisas y besos escondidos. Si alguna vez fui feliz, lo fui gracias a cada viso que le dio una presencia a mi pintura. Podría repetir mil veces, y exagerar otras cuantas, lo lindo que se siente saber que en el mundo hay cosas que no te peretencen y que pueden producir tanta felicidad y de manera tan sutil.

Recuerdo que estoy feliz y que ante todo, aprendí a querer otra vez. Acercarme a lo esencial y lo sencillo de una canción o una película y saber que al cerrar los ojos siempre ibas a estar en mi campo visual. Por el momento sólo tengo gracias y algunas lágrimas mezcladas con paréntesis abiertos y con deseos de abrazar lo que deje ir. Aún me faltan momentos para crecer y acercarme a esa niña de pelo oscuro, treza negra y mejillas de amapolas. Es hermosa ¿no?

Entendí qué me pertenece y por qué me pertencen esas sensaciones. Son mías y eso es lo que importa.