noviembre 19, 2009
Guardianes de Salamanca
noviembre 04, 2009
Porque de todo empieza a ser ya mucho tiempo
septiembre 18, 2009
Carta de un fin de semana

Ignacio, Ignacito, Nacho mío:
Pero no es de eso que te quería hablar. Traigo el libro a esta hoja mal escrita para contarte que yo como ellos he estado viajando no tan cómodamente ni por tanto tiempo - aunque lo he sentido igual de largo - por lugares increíbles. Primero fue Andalucía y su playita en Estepona donde vi al otro grande, ese posudo que me mata. Luego Granada y la belleza de las placitas, las construcciones y eso que creo has visto en fotos. Más tarde visité los rincones de París, creo que algo te han contado por ahí y sino estoy segura que vos mismo has esculcado algún lugar del ciberespacio para encontrar una referencia de lo que he hecho. La curiosidad siempre ha sido tu debilidad. Sin embargo, en ninguno de esos lugares me he encontrado tan agusto como en Oporto, Portugal.
He tratado de entender qué es lo que tiene y por qué me gustó tanto y poco es lo que puedo decir. En parte siempre has sabido que me gusta mucho el sonido de las gaviotas porque me hace sentir en medio de una película triste donde el protagonista está sentado en laplaya pensando en que tal vez es mejor caminar mar adentro y nunca parar. Tal vez es más simple y su canto me indica que estoy cerca del infinito, de esa tela azul que se extiende a lo largo, a lo largo. Puede ser también que allí recordé algo de mi infancia, obviamente no es ningún referente arquitectónico (¿en qué se podría parecer Labores, Rionegro, La Ceja, Medellín a una ciudad vieja en todo, menos en el metro y los buses, una pequeña ribera que bordea el río, que llega al mar, que llega a la nada?). Recordé algo que me dijo una vez mi madre: aprendí hablar y a partir de ese momento todo lo leía, todo lo quería decir (vos sos más testigo de eso que nadie) y lo lindo fue que me di cuenta que no había cambiado para nada. Recordé mis mañanas frente a la caja de Zucaritas y la lectura obligada de los ingredientes, los porcentajes de grasa, nutrientes, el Zinc, las aventuras del trige Tony, todo, letra por letra así fuera insignificante. En París el primer día y el segundo fue igual: miraba a todos lados y con mi poco francés trataba de entender lo que decían los anuncios, las letricas chiquitas del tarro de la leche. En Oporto con mi nulo portugues fue igual.
Cuando hablabamos de las coincidencias y de las casualidades (nunca he podido entender la diferencia entre esas dos palabras) creo que dijimos que eran parte constitutiva del sentido de nuestra vida, que sin ellas, sin las relaciones, nos sentiríamos muy solos pues nada tendría que ver con nada y hacer que cualquier cosa cuadrara requeriría más tiempo del que disponemos. Pues bien, creo que fue una casualidad-coincidencia la que me hizo sentir como en casa. Llegamos al Hostal (Poets Hostal que no es lo mismo) y después de haber comprado un vino del cuál conservé el corcho (es tan lindo, tiene marcas como de olas y dice Douro dos veces como para que no se me olvide) nos sentamos en la terracita. Con el frío que hacía. estaba helada, ya te podés imaginar. Abrimos el vino, brindamos por estar ahí y al primer mordisco del sanduche, que la noche anterior habíamos preparado aquí en la casa de Madrid, tuve esa sensación que es parecida a un déjà vu que te recuerda un momento preciso, un lugar y una persona concreta, como los olores. No sé si fue la pimienta, el pan, el jamón, el queso o el tomate, pero sentí que estaba en mi casa, con el sabor de las cosas que todos los días cocino y fue tan lindo, tan significativo.
Me voy a quedar cortica como siempre. Debería seguir tu ejemplo y ponerme a escribir postales a ver si con el espacio reducido aprendo a escribir cortico. Además de comer rico en un restaurante al lado del mar (Camarones al ajillo, a los pobres se les veía la cabecita ahí...), de caminar por calles empinadísimas, de ver a la gente anciana porque poquitos jóvenes hay en Oporto, de sorprenderme al ver una bandera gigante de Colombia en las calles que bordean al Duero y descubrir que en una edificio viejo y acabado queda el Consulado de Colombia donde desearía trabajar, después de tomarme un Favaíto (es un aperitivo que se parece al vino dulce que hace famoso a Oporto) a altas horas de la noche y con una temperatura dolorosa para los tornillos de mi rodilla, después de todo eso hay algo más que me indicó que ese lugar era especial.
Buscando un bus para ir a la Praia dos Ingleses subimos cuesta arriba por una calle llena de escaleras. Siguiendo las indicaciones del mapa que tan bien sabe leer Gabriel, nos cruzamos casi en todas las calles a unos gatos preciosos: el primero tímido tomando el sol al lado de la puerta de su casa posó un rato para mí que sabes que no me puedo resistir ante tanta ternura y quería muchas fotos, luego uno juguetón que estaba estirado en el borde de una ventana y que con sus uñas afiladas me dejó una marquita de sangre en mis dedos. Más tarde, una belleza gris con rayas grises más oscuras me enloqueció con cada pose, cuál más apropiada para querer recogerlo y llevármelo a mi casa. No pude obviamente.
Todo lo que he escrito antes de este párrafo es sólo una excusa para decirte que creo que te vi. No sé si andés por Oporto porque la última vez ni siquiera me pude despedir de vos. Cuando llegué a una placita vi un gato negro con blanco. Sus ojos amarillos fijos en mi cámara me recordaron los tuyos. Creí que eras tú y me acerqué. Me miráste como siempre me habías mirado y después del ladrido de un perro te metiste debajo de los carros. ¿Estabas ahí mi Nachito?
Los otros detalles de ese puerto se me pierden un poco, quizás porque así lo quiero. Es que con las ganas que tengo de volver quisiera no recordar nada para llegar allá otra vez como la primera vez. Tomar el metro que se detiene en las estaciones al aire libre, sin controles, sin vigilancia. Todo es tan tranquilo allá. Beberme una botella de vino y bajar adoquín por adoquín alargando el encuentro con el Duero. Guiarme por la luz del Faro que nunca vi para llegar ahí donde río y mar se convierte en el océano del que tantos han escrito tanto.
No sé qué dirección poner para que te llegue esta carta. No sé si algún día la leerás, aquí en Madrid como en todos los lugares, siempre recuerdo lo feliz que era cuando de noche llegabas a mi cama.
Como decía Pacho un amigo que tampoco conociste: nos veremos en otra vida cuando seamos gatos.
Tuya siempre,
Sara
septiembre 10, 2009
Buho Real
Mirár, volver a mirar y descubrir que la timidez te puede. Agarrarte, agarrarte fuerte de la mano de él que sonrié mientras afirma para él mismo que no debería estar allí. De repente, como en la canción, reconoces la voz, la guitarra y la melodía. Cambias de posición, le sonriés a la pequeña que está cerca del baño y sabes que es ella. La unidad se completa, los cristales de fijan y estás al frente de Tiza, en el Buho Real acompañada de Anita y de él, que vino obligado, bebiendo un vaso lleno de vodka-naranja, en Madrid.
P.D: lo mejor de la noche lo descubriste al otro día. Una notita secreta en tu billetera de un hombre que te invita a seguir soñando a su lado.
agosto 19, 2009
París
En Barajas y mucho antes cuando me estaba bañando, sentía que las piernas me temblaban y una cierta emoción, como cuando calentaba para jugar los partidos de voley, no me dejaba estar del todo tranquila. En el aeropuerto todo se simplificó: filas, pasaporte y a la entrada del avión, la azafata dijo: Bonjour mademoiselle, un bonjour casi entre dientes salió de mi boca que todavía no estaba preparada para ejercitar el poco francés que aprendí en Medellín. Sentada en la ventana del lado izquierdo, espere con ansias, la torre que según Gab se veía preciosa, iluminando con su luz de faro ese París de mis anhelos. Y así fue, oyendo en el Ipod al Torito de Cortázar, con su jerga argentina casi imposible de entender, una luna que no podía ser más grande y su reflejo que acompañaba el paso del Sena, la ví: torrecita pequeña de maqueta (pensé en mi hermano inevitablemente), torrecita pobre, sola y admirada, torrecita que más tarde conocería haciendo un picnic con vino, UNE baguette y un queso que no olía nada bien pero que estaba casi a la altura de la torre.
Los Campos de Marte, nombre que sin duda envuelve de gracia ese parquecito que está al frente de la Torre Eiffel, fue el escenario perfecto para ver cómo por mi torpeza natural se derramaba el vino en mi ropa y nada más que hacer. El francés repetido de la gente que al principio era casi un lenguaje desconocido ambientaba una tarde perfecta y una noche que con luna llena vio encender las miles de luces que esporádicamente iluminan la Torre.
Los primeros días me negué hablar, no me salía ni el merci, ni el nada. Después cuando Gabriel en su patético francés y en su "give me two crepes, please" me desesperó entendí que debía ser yo la que hablara y poco a poco dije cualquier cosa, hasta que el último día pude hablar un rato larguito con un vendedor de crepes, sin miedo. Quedé enamorada de los crepes, de poulet et fromage (pollo y queso) con mucha pimienta de un puestico en Saint Michel al que ibamos todos los días y de el típico nutella et banane que era el postre prometido cada día, cada noche.
No sabía yo, en mi terrible ignorancia del mundo, que cerca a Sacre Coeur estaba anclada la comunidad africana más grande que he visto, bueno la única en realidad. Un día sin rumbo, caminando por el Boulevar Rochechouart, al que con cariño le decíamos rochechua y que a veces se confundía con el recheche, fuimos entrando al barrio. Las telas de los vestidos de esas mujeres son sin duda una de las cosas más lindas que he visto en el mundo y claro, el desorden natural de una comunidad en la calle (algo así como el Centro de Medellín) y la constante de la piel negra, hicieron que por un momento Gabriel y yo nos mirarámos y nos sintieramos fuera de lugar. Los únicos blancos en el corazón del barrio africano. Terminé comiendo en un restaurante casero Senegalés difícil de olvidar.
También hice el respectivo turismo: Louvre gratis porque un señor nos regaló las boletas (la suerte que nunca falla), Pompidu que entre una banda de instrumentos de juguetes OMP (orchestre miniature in the park) y una exposición de Kandinsky me dejó sin aire, Sacre Coeur que me tocará volver en otra época porque estaba lleno de turistas famas y ya saben que eso a los que nos creemos cronopios nos mata, Notre Dame que me parece el colmo, porque no hay derecho que una cosa tan linda sea un negocio tan lucrativo ¿o sí? y algunas tumbas famosas en los cementerios de Père-Lachaise y el de Montparnasse fueron los lugares que me llevaron a mis dos mayores felicidades:
Parecerá una tontería pero para mí París es ante todo Cortázar: soñé con conocer el Moulin Rouge (que es otro negocio patético), la torre, el Sena, todo lo lindo y majestuoso que tiene París, inclusive el Palacio de Versalles que no conocí porque estaba cerrado pero que no lo cambio por la siestica en el lago al frente de los jardines del Palacio, pero nunca pensé que significara tanto estar en los rincones que Cortázar trazó en Rayuela. Quizá esto no se entienda, pero no importa, es tan mío que es lo que vale.
Todo empezó en el cementerio de Montparnasse donde está enterrado al lado de Carol su última esposa. El día había sido horrible y sólo queríamos ir allá a ver esa tumba y ninguna más. La verdad todo el tiempo me pregunté qué sentido tenía visitar un cementerio como si fuera una obra de arte y mucho más qué significaba visitar a los famosos que como Oscar Wilde tienen un altar simbólico en su tumba. Frente a la foto de Wilde y al lado de mil besos, yo también besé esa piedra carrasposa, por Laura Luna y mi hermanito así le parezca patético y porque Wilde siempre me ha parecido el ejemplo perfecto de la virtud. Sin embargo, en Montparnasse todo fue un caos. No encontrabamos la tumba de Julio y yo ya estaba pensando que me tocaría volver al mapa ese para verificar el número porque no me podía ir de allí sin verlo. Alcancé a pensar que eso iba en contra de la voluntad de Julio y que él no quería que yo viera su tumba. Así que Gabriel me dijo, Sasi vamos eso no está acá, ven mejor y nos vamos. Yo con la carita derrotada me fui acercando hasta donde él estaba y cuando vi que sonreía, entendí que algo pasaba. La tumba lisa que recordaba por el video que hay en Youtube estaba llena de cosas: cigarrillos, notas, dibujos, piedras, tiquetes del metro, caracoles. El letrero casi no se podía ver. No sé qué me pasó, pero sentí que quería llorar y traté de evitarlo tomando fotos y leyendo las cartas, casi todas en español que le había dejado la gente. Ahí estaba ese hombrecito gigante, al lado de su único amor y yo no podía hacer nada. Le dejé una nota, en un tiquete del metro, que hoy me parece tonta.
Había dicho que eran dos mis grandes felicidades y que tenían que ver con Cortázar. La segunda es quizá la que más me importa. Antes de viajar y cuando ya teníamos comprados los tiquetes para irnos a París, Gabriel me dijo que me tenía una sorpresa, algo que quería hacer conmigo. Cuando llegamos a París abrió su libretica gastada, donde anota versos, direcciones, calles, teléfonos, y entre las páginas me dijo: quiero que hagamos algunos de los recorridos que hicieron la Maga y Oliveira en Rayuela: escogimos algunos y así caminamos por Pont Des Arts, el puente de la Maga, por la Rue Cherche-Midi que nos regaló un lindo patopatopatopato, por la Rue de Seine, por el Boulevar Sebastopol, pasamos por la Rue Reaumur, por la Place de la Concorde y nos imaginabamos un París que debía ser muy distinto a esta metrópolis comercial y monumental.
Ahora que vuelvo a leer Rayuela y después de vivir el capítulo 28 de Rayuela con policía incluída porque este vecino sí que la llamó, siento que ese es el París que me gusta. El que conocí este agosto, es un París distinto, un París donde bailan salsa al lado del Sena pero a lo cubano y a lo puertorriqueño, o mejor, bailan una salsa aprendida en escuela dando vueltas sin parar, un París al que no el cabía un turista más, un París sucio y un poco desordenado, un París donde el sol no sale nunca a pesar de estar en verano, un París donde el amor es difícil de encontar, un París majestuoso, ostentoso, ladrón y rico.
Así son las cosas...
agosto 15, 2009
Bunbury
Durante varias horas la música modificó mis sensaciones, mis anhelos y mis deseos más profundos. La energía, las palmas de Andalucía todo el mundo confabulando para que ese instante sea ahora memorable.
La mejor traición, la mejor noche, acompañada de una luna increíble y pocas palabras más.
Y ahora tengo las arterias llenas de etceteras y un corazón espartano y unas manos que creen en los milagros...
julio 26, 2009
Madrid
El calor del verano adorna los gatos de El Retiro y los balcones que sin temor se asoman imponentes en las paredes de los edificios viejos.
No sé cuándo dejará de ser un paseo y las llaves de mi casa serán la cotidianidad de siempre, el ir y venir de un lugar a otro ya no con cara de desconocida sino con cara de tatarabuela de la ciudad.
Imposible ignorar las lenguas que masajeando los dientes se dentien en un exquisito ceseo y un vale que aprueba y desaprueba. Así mismo las letras, los acentos y las entonaciones de los ingleses, los franceses, los rumanos, los africanos y los indúes que con un esfuerzo sobre humano aprendieron a hablar español, españolete, sin nunca perder, la emoción de poder decir Magnifique!, Great! o cualquier otra palabra de asombro tan perdidas en este mundo en crisis.
Por ahora las horas se pasan entre mujeres y hombres más altos que yo, una ciudad que pocas veces duerme y que la mayoría del tiempo se pasa en la calle, en la cama o en un balcón.
julio 09, 2009
Vida Simple
junio 01, 2009
Periódico de Ayer
Ha sido increíble, pero las cosas increíbles se acaban...
Se desvanecen, como los orgasmos...
Así fue, un orgasmo que se acabó y ahora soy yo la única que está sintiendo.
Lo mejor es que nunca es el mejor orgasmo...!
En el fondo es lo que siempre esperamos...
Esa es la esperanza....
Una confesión de lo más escueta...
Y la tristeza es porque ha sido el mejor...
Esa es la tristeza....
Conversaciones pasadas sobre esas cosas que siempre serán tan humanas, como la soledad.
abril 22, 2009
Mayo sin vos
Tal vez nunca suceda y la muerte me arrastre sin poder decir: lo siento. El problema de todo esto es que ya son muchas noches seguidas y la cama está destendida y vos estás solo. Allá donde nadie te acompaña con tu egoismo y tu rabia. El orgullo suficiente que tenés para matar todo en lo que creiste. Pero las cosas no son así, algún día lo sabrás. Entenderás que la gente que se confunde tiene razones y que ser parte de un cuerpo tiene limitaciones que no nos dejan respirar cuando el tanque se está llenando y no hay un salvavidas cerca.
Será tarde, muy tarde cuando puedas recordar sin dolor y aceptes que hasta los ojitos, el conejo y la coneja fueron tuyos por largo tiempo. Odiaras las mañanas y la vía hacia tu casa porque en cada carro estará ella diciendo: Aquí te amé, aquí te bese, aquí me enamoré, aquí te odie. Aquí aquí y aquí es donde estás. Y sabrás también que nada fue en vano porque valió la pena vivirlo aunque fuera una sola vez.
Sé que ese día querrás estar con la mano debajo de la almohada, esperando que mis dedos te acaricien hasta que te duermas, porque sólo en sueños podremos ser lo que alguna vez soñamos, porque sólo ahí el odio habrá desaparecido y seremos otra vez...seremos vos y yo.
abril 21, 2009
SALOMÉ DICE
LAS MANOS DE SANTOS
Estabamos frente a frente como en las escenas de amor de las películas cursis. Vos hablabas sin parar de periodismo, medios, parapolítica y Semana y todo lo que sos y querés y pensás. Yo te miraba como siempre te he mirado, como se mira una camisa que no podés comprar o al novio de tu amiga que está hermoso pero es el novio de tu amiga. Detrás de tus gafas pequeñitas estaban los ojos que uno y otra vez pasaron de arriba a bajo la multitud de cabezas que te seguían sin parpadear, y una sola vez te encontraste conmigo, en ese instante en que según dice por ahí pasó un angel y todo quedó en silencio, suspendido.
Me miraste y me puse fría porque estaba deseando que no tuvieras anillo de casado y que esas manos que tantas veces temblaron, que sacudiste sin parar cuando te acordabas del proceso 8000 y de Pablo Escobar, deseaba que fueran mías y sólo mías.
No puedo hacer nada más que escribir, a ver si algún día puedo poner la palma de mi mano sobre la tuya.
marzo 17, 2009
Las Fotos Y Vos
Salí para no encontrarmela entre la gente que veo cuando la calle está llena. El murito en el que hice equilibrio cuando estabamos juntos, me sirvió de puente entre esos pies que no paraban de caminar lentamente. Así lo esquivé. Llegue a la Plaza de las Rosas y me apresuré por el callejón de piedra. No quise mirar al frente, eran muchas la señales de su presencia. Caminé mirando la punta de los cordones esconderse debajo de la suela, creo que quisiera ser suela o cordón.Es como cuando te levantas y sientes que el día está muy normal para ser un martes a las seis de la mañana. Aún así, te levantas sintiendo que algo está pasando en tus manos y en tu mente, una sensación que está acompañada de un pestañeo con una imagen fija, de un momento especial, de un día que ya pasó.
Sabes que ya tiene que parar esa situación, que no puedes seguir siendo el tonto y que perderse en sus ojos nunca ha sido una buena decisión y más sabiendo que las mujeres, como ella, no están preparadas para entender ni tu libertad ni tus ganas de amarlas como a ti te gusta, a fin de cuentas la única manera que tienes. Así que te armas de valor, ese que tantas veces falta cuando la tienes cerca, y dejas de llamar.
Ella sigue siendo linda. Está triste, a veces no hay nada más sensanto que estar triste. Está sola pensando que tal vez sería bueno leer un libro y creerse la protagonista y así vivir una vida distinta a ésta. Le gustaría hacer un desnudo porque siente que es la mejor forma de fijar su sensualidad en la retina de alguien ya que no puede hacerlo ante sus ojos, porque él decidió que eran suficientes miradas y caricias. Se envolvió en su sabanita y no volvió jamás.
Parece que todo era un juego nada más,
¿Dónde está la gracia?
febrero 27, 2009
Tan siquiera un instante pensaré en esos días...
Ya no soy tan buena como antes y lo que aprendiste de mí es también todo lo que perdiste en esas noches incromprensibles, en la espera intranquila de una decisión que terminó por robarte cada cálculo y por ponerte desnudo encima de un cuerpo muerto y adolorido. Lamento las horas que perdiste mirando la montaña y deseando estar ahí hasta el infinito. Las estrellas están asustadas de tanta nostalgia y mi cuello repite en cada palpitar las palabras que nunca volverá a oír.
Es demasiado tarde para emprender nuevas miradas porque estás cansado de mirarme y no reconocerme. Lo que no sabes es que el fraude tiene un castigo atroz sobre la piel blanca y las mentiras y bajo ese miedo soy irremediablemente una víctima más. Perdóname por ser parte de un círculo simple y común y por no poder estar presente en esos momentos donde lo que más necesitas es una sonrisa y un leve pestañeo que te ayude a dormir en las noches y que te despierte después del campaneo.
diciembre 22, 2008
Un Secreto
Ya me di cuenta que sabes mi secreto. Sí, sí, detrás, por ahí, más atrás. No me atrevo a besarte porque sé que parte del encanto de estar frente a ti hoy, es no tocarte. Quiero parar de sonreír aunque cada palabra que dices, susurras y hasta callas se cola por mis labios y me hace cosquillas y entonces… sonrío. Es inevitable. Las sombras están otra vez sobre tu cara, lo siento en mi vientre, en el calor de mis manos y mi boca, intranquila, no se puede controlar.
Esta vez no hay ninguna excusa que me salve. Sé que tus intensiones van más allá de lo que pudo ser una simple mano sobre mi pierna, lo intuyo. Y ahí estás lleno de manos que no paran de dibujarme y atraerme a lo que el placer tiene para gente como vos y como yo. La inmensa oleada de emociones que se arrincona al agresivo ataque de tu lengua en mi entrepierna, mientras mis ansias no paran de temblar junto a tu cuerpo.
Una y otra vez mi pelo te pide a gritos desesperados con la esperanza de que tu peso arranque mi fuerza y pueda desvelarme colgada en tu nuca. Abajo todo está bien. Sigo derritiéndome a cada instante cuando tengo la certidumbre de tu deseo. Esa misma sensación que me sostiene en tus huesos y que me impide parar cuando ya tus piernas no pueden más es la misma que cada noche me enloquece cuando mis dedos empiezan a jugar.
agosto 02, 2008
Mis Cosas

Recuerdo que estoy feliz y que ante todo, aprendí a querer otra vez. Acercarme a lo esencial y lo sencillo de una canción o una película y saber que al cerrar los ojos siempre ibas a estar en mi campo visual. Por el momento sólo tengo gracias y algunas lágrimas mezcladas con paréntesis abiertos y con deseos de abrazar lo que deje ir. Aún me faltan momentos para crecer y acercarme a esa niña de pelo oscuro, treza negra y mejillas de amapolas. Es hermosa ¿no?
Entendí qué me pertenece y por qué me pertencen esas sensaciones. Son mías y eso es lo que importa.


