De colores como siempre, entonada como siempre, dulce como siempre. El barsito de las calles en cenizas, escondido y amparado por un Buho, real que no es lo mismo. El encuentro con la desconocida de los soliloquios, a la que le conoces la letra pero no las piernas. Parada en un rincón cerca al baño y los ojos de Tiza detrás de los dos intrusos que siempre llegan tarde.
Mirár, volver a mirar y descubrir que la timidez te puede. Agarrarte, agarrarte fuerte de la mano de él que sonrié mientras afirma para él mismo que no debería estar allí. De repente, como en la canción, reconoces la voz, la guitarra y la melodía. Cambias de posición, le sonriés a la pequeña que está cerca del baño y sabes que es ella. La unidad se completa, los cristales de fijan y estás al frente de Tiza, en el Buho Real acompañada de Anita y de él, que vino obligado, bebiendo un vaso lleno de vodka-naranja, en Madrid.
Mirár, volver a mirar y descubrir que la timidez te puede. Agarrarte, agarrarte fuerte de la mano de él que sonrié mientras afirma para él mismo que no debería estar allí. De repente, como en la canción, reconoces la voz, la guitarra y la melodía. Cambias de posición, le sonriés a la pequeña que está cerca del baño y sabes que es ella. La unidad se completa, los cristales de fijan y estás al frente de Tiza, en el Buho Real acompañada de Anita y de él, que vino obligado, bebiendo un vaso lleno de vodka-naranja, en Madrid.
P.D: lo mejor de la noche lo descubriste al otro día. Una notita secreta en tu billetera de un hombre que te invita a seguir soñando a su lado.
