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abril 11, 2010

De como me enamoré

"Como si uno tuviera que volverlo a escribir todo de nuevo, así renace a veces la esperanaza, Fernanda Mía. Acuérdate. No bien pueda cruzo Atlánticos para llegar a Pacíficos y meterme en tu cariño y en tu casa (etcétera)"
La Amigdalitis de Tarzán
Alfredo Bryce Echenique

"Unas pocas palabras, y con lápiz...
Un texto te debo, un texto te entrego.
Un libro de amores y desencuentros, quizá un
poco como ha sido nuestra historia.
Creo que eso es precisamente lo bello de todo
esto:existe una historia que contar, una
historia tal vez breve por su duración en el
tiempo pero extensa y hasta sublime por
su terca intensidad.

¿Por qué amamos desde el miedo?
¿Para cuándo una entrega sin reservas?
¿Nos seguiremos buscando para no encontrarnos?
A vos, Cronopia, sigo queriéndote encontrar
en mi campo visual una vez pueda, al fin,
limpiar las puertas de mi percepción...
¿Estarás ahí? "

marzo 14, 2010

Kundera

***

Cuando se murió, donamos la biblioteca de su casa. Unos pocos libros la verdad, los otros se habían ido con cada una de esas mujeres que tuvo. Todas reclamaban ese "libro que tiene un valor sentimental". Yo tenía el mío, por supuesto, pero desde hacía algún tiempo había decidido guardarme su valor para mí misma logrando desprenderme de las hojas y la portada que tanto me gustaban.

Recuerdo que fue un día de esos, en que no hay casi ningún motivo para levantarse, en el que decidí no compartir mis objetos amados para protegerlos y protegerme. Me dijo algo así como que era muy sencillo, que mientras fuera uno de esos autores reconocidos, un crítico, un escritor influyente en la vida política del mundo, debía leerlo, quererlo y respetarlo. Yo le respondí que no sin que él lograra entender que no estaba discutiendo el valor obvio del autor y su obra, sino más bien un concepto. Mientras fuera un recuerdo compartido me negaría a aceptar que era bueno o que estaba en la obligación de leerlo.

Esa noción de 'recuerdo compartido' lo dejó perplejo. Yo terminé de explicarle, ya con ganas de seguir durmiendo, que yo sabía que en cada una de las historias de Amores Ridículos estaba ella, que una de esas narraciones era un poco lo que habían vivido, que ese libro era un pacto secreto entre ellos. Abrumado se sentó en el borde de la cama. Yo sólo me estaba vengando.

Lo abracé y lo traje hasta mi lado otra vez. Le dije que no se preocupara, que por eso no lo leía, por eso no lo leería nunca. No quería involucrarme con sus recuerdos, por lo menos en los que no era bienvenida. Yo soy como Teresa, le dije. Y como sabes ella nunca dejó de querer a Tomás.