agosto 19, 2009

París

Hace una semana volví a lo que ahora es mi casa. Cansada de caminar con la Recherche (así bautizó Gabriel al mapa de París por barrios, debido claro a su mal francés) en la mano y el mapa del metro que sólo entendía yo, lo único además. Aún hoy me cuesta poner en palabras lo que toda mi vida había sido un sueño, muy, muy lejano.

En Barajas y mucho antes cuando me estaba bañando, sentía que las piernas me temblaban y una cierta emoción, como cuando calentaba para jugar los partidos de voley, no me dejaba estar del todo tranquila. En el aeropuerto todo se simplificó: filas, pasaporte y a la entrada del avión, la azafata dijo: Bonjour mademoiselle, un bonjour casi entre dientes salió de mi boca que todavía no estaba preparada para ejercitar el poco francés que aprendí en Medellín. Sentada en la ventana del lado izquierdo, espere con ansias, la torre que según Gab se veía preciosa, iluminando con su luz de faro ese París de mis anhelos. Y así fue, oyendo en el Ipod al Torito de Cortázar, con su jerga argentina casi imposible de entender, una luna que no podía ser más grande y su reflejo que acompañaba el paso del Sena, la ví: torrecita pequeña de maqueta (pensé en mi hermano inevitablemente), torrecita pobre, sola y admirada, torrecita que más tarde conocería haciendo un picnic con vino, UNE baguette y un queso que no olía nada bien pero que estaba casi a la altura de la torre.

Los Campos de Marte, nombre que sin duda envuelve de gracia ese parquecito que está al frente de la Torre Eiffel, fue el escenario perfecto para ver cómo por mi torpeza natural se derramaba el vino en mi ropa y nada más que hacer. El francés repetido de la gente que al principio era casi un lenguaje desconocido ambientaba una tarde perfecta y una noche que con luna llena vio encender las miles de luces que esporádicamente iluminan la Torre.

Los primeros días me negué hablar, no me salía ni el merci, ni el nada. Después cuando Gabriel en su patético francés y en su "give me two crepes, please" me desesperó entendí que debía ser yo la que hablara y poco a poco dije cualquier cosa, hasta que el último día pude hablar un rato larguito con un vendedor de crepes, sin miedo. Quedé enamorada de los crepes, de poulet et fromage (pollo y queso) con mucha pimienta de un puestico en Saint Michel al que ibamos todos los días y de el típico nutella et banane que era el postre prometido cada día, cada noche.

No sabía yo, en mi terrible ignorancia del mundo, que cerca a Sacre Coeur estaba anclada la comunidad africana más grande que he visto, bueno la única en realidad. Un día sin rumbo, caminando por el Boulevar Rochechouart, al que con cariño le decíamos rochechua y que a veces se confundía con el recheche, fuimos entrando al barrio. Las telas de los vestidos de esas mujeres son sin duda una de las cosas más lindas que he visto en el mundo y claro, el desorden natural de una comunidad en la calle (algo así como el Centro de Medellín) y la constante de la piel negra, hicieron que por un momento Gabriel y yo nos mirarámos y nos sintieramos fuera de lugar. Los únicos blancos en el corazón del barrio africano. Terminé comiendo en un restaurante casero Senegalés difícil de olvidar.

También hice el respectivo turismo: Louvre gratis porque un señor nos regaló las boletas (la suerte que nunca falla), Pompidu que entre una banda de instrumentos de juguetes OMP (orchestre miniature in the park) y una exposición de Kandinsky me dejó sin aire, Sacre Coeur que me tocará volver en otra época porque estaba lleno de turistas famas y ya saben que eso a los que nos creemos cronopios nos mata, Notre Dame que me parece el colmo, porque no hay derecho que una cosa tan linda sea un negocio tan lucrativo ¿o sí? y algunas tumbas famosas en los cementerios de Père-Lachaise y el de Montparnasse fueron los lugares que me llevaron a mis dos mayores felicidades:

Parecerá una tontería pero para mí París es ante todo Cortázar: soñé con conocer el Moulin Rouge (que es otro negocio patético), la torre, el Sena, todo lo lindo y majestuoso que tiene París, inclusive el Palacio de Versalles que no conocí porque estaba cerrado pero que no lo cambio por la siestica en el lago al frente de los jardines del Palacio, pero nunca pensé que significara tanto estar en los rincones que Cortázar trazó en Rayuela. Quizá esto no se entienda, pero no importa, es tan mío que es lo que vale.

Todo empezó en el cementerio de Montparnasse donde está enterrado al lado de Carol su última esposa. El día había sido horrible y sólo queríamos ir allá a ver esa tumba y ninguna más. La verdad todo el tiempo me pregunté qué sentido tenía visitar un cementerio como si fuera una obra de arte y mucho más qué significaba visitar a los famosos que como Oscar Wilde tienen un altar simbólico en su tumba. Frente a la foto de Wilde y al lado de mil besos, yo también besé esa piedra carrasposa, por Laura Luna y mi hermanito así le parezca patético y porque Wilde siempre me ha parecido el ejemplo perfecto de la virtud. Sin embargo, en Montparnasse todo fue un caos. No encontrabamos la tumba de Julio y yo ya estaba pensando que me tocaría volver al mapa ese para verificar el número porque no me podía ir de allí sin verlo. Alcancé a pensar que eso iba en contra de la voluntad de Julio y que él no quería que yo viera su tumba. Así que Gabriel me dijo, Sasi vamos eso no está acá, ven mejor y nos vamos. Yo con la carita derrotada me fui acercando hasta donde él estaba y cuando vi que sonreía, entendí que algo pasaba. La tumba lisa que recordaba por el video que hay en Youtube estaba llena de cosas: cigarrillos, notas, dibujos, piedras, tiquetes del metro, caracoles. El letrero casi no se podía ver. No sé qué me pasó, pero sentí que quería llorar y traté de evitarlo tomando fotos y leyendo las cartas, casi todas en español que le había dejado la gente. Ahí estaba ese hombrecito gigante, al lado de su único amor y yo no podía hacer nada. Le dejé una nota, en un tiquete del metro, que hoy me parece tonta.

Había dicho que eran dos mis grandes felicidades y que tenían que ver con Cortázar. La segunda es quizá la que más me importa. Antes de viajar y cuando ya teníamos comprados los tiquetes para irnos a París, Gabriel me dijo que me tenía una sorpresa, algo que quería hacer conmigo. Cuando llegamos a París abrió su libretica gastada, donde anota versos, direcciones, calles, teléfonos, y entre las páginas me dijo: quiero que hagamos algunos de los recorridos que hicieron la Maga y Oliveira en Rayuela: escogimos algunos y así caminamos por Pont Des Arts, el puente de la Maga, por la Rue Cherche-Midi que nos regaló un lindo patopatopatopato, por la Rue de Seine, por el Boulevar Sebastopol, pasamos por la Rue Reaumur, por la Place de la Concorde y nos imaginabamos un París que debía ser muy distinto a esta metrópolis comercial y monumental.

Ahora que vuelvo a leer Rayuela y después de vivir el capítulo 28 de Rayuela con policía incluída porque este vecino sí que la llamó, siento que ese es el París que me gusta. El que conocí este agosto, es un París distinto, un París donde bailan salsa al lado del Sena pero a lo cubano y a lo puertorriqueño, o mejor, bailan una salsa aprendida en escuela dando vueltas sin parar, un París al que no el cabía un turista más, un París sucio y un poco desordenado, un París donde el sol no sale nunca a pesar de estar en verano, un París donde el amor es difícil de encontar, un París majestuoso, ostentoso, ladrón y rico.

Así son las cosas...

12 comentarios:

Fortou dijo...

Me erizé todo y casi lloro. Para qué decir más, Cronopia.

O(ʜ)livia dijo...

te envidio
y me hiciste llorar
tamibén amor rayuela y cortázar
y tambiéne s mi sueño recorrrer el parís de rayuela
lloro
y lloro más.
pero de alegría, en parte, porque contas cosas hermosas

Cronopia Azul dijo...

Releyendo Rayuela nos podemos encontrar, si quieren!

Laurita dijo...

Wow :)

Sari, que bonito poder leer esto después de que te lo pedí tanto. Me alegra que hayas dejado consignado con tus palabras ese viaje tan bonito que te envidio y que algún día yo también voy a hacer (?)

Es inevitable pensar en París o en Buenos Aires y no asociarlo con Cortázar, sentirlo así de cerquita es increible. Tú lo viviste en sus últimos días y yo lo vivo acá en Banfield, en sus primeros pasos, en esa casita que lo vio nacer. Sabes que te espero con los brazos abiertos y que lo vas a vivir con intensidad como viviste ese viaje tan anhelado.

Me alegro mucho, siento que yo fui también, sé lo importante que fue ese viaje para ti, y bueno, tantas cosas.

El pont des arts metido en el pecho, mucha nostalgia y bueno, muchas cosas metidas en la cabeza.

No lleno más acá,
Abrazos para ti Cronopia!

belga_seg dijo...

maldita cronopia!! no había leido esto antes de conocerte el otro día, lo acabo de leer y he terminado llorando! pfff... me has puesto los pelos de punta, en febrero yo también viví parte de eso que cuentas... yo también busqué a Cortázar, y por momentos lo encontré. Aunque fui muy bien acompañada, y aunque suene paradójico, me faltó la compañía adecuada... así que algún día espero volver y no tener que buscar a La Maga... Tú cuida bien a Gabriel ;)!

http://www.subirimagenes.com/fotos-090310paris18pontn-3087582.html


Pd- es curioso, odio los cementerios, muchísimo, pero me faltó por tiempo ir a Montparnasse... es al único cementerio al que me gustaría ir alguna vez en la vida...

belga_seg dijo...

lo he tenido que volver a leer hoy :)... oh la la....

Cronopia Azul dijo...

Lauri: yo sé purpurita que estuviste allá, algún día lo harás físicamente y ojalá yo esté cerquita para acompañarte.

Anitaaa:qué bueno que volviste a comentar aquí. Hay dos cosas que me alegran: la primera es haberte conocido, lo mejor de lo mejor y la segunda que hayas disfrutado el recuento de París, siempre es gratificante que la gente logre sentir parte de lo que uno sintió...

Gracias por la foto y si quieres en www.flickr.com/photos/cronopiazul puedes ver más fotos incluidas las del concierto de Tiza :)

belga_seg dijo...

ya las había estado curioseando antes jiji gracias :P
Conocerte sin duda fue lo mejor del concierto del otro día!

AnaHM dijo...

Nenis, que cosa mas linda...tambien se me pusieron los pelos de punta. Que rico que estas disfrutando tanto. Te extrañe mucho en Medellin. Te quiero mucho.
Ana

Dos Neuronas dijo...

Muy bonito!
Cuando volvás a París contactáme.

Cronopia Azul dijo...

Y cómo te contacto? :)

reuben dijo...

un lindo recorrido de desencuentro y encuentro muy cortaziano. Me gustó leer que lo hayas encontrado cubierto de afecto.
Saludos