julio 26, 2009

Madrid

Madrid huele a mujeres frescas y descomplicadas, huele a amores perdidos en el metro o en algún bar de tapas.

El calor del verano adorna los gatos de El Retiro y los balcones que sin temor se asoman imponentes en las paredes de los edificios viejos.

No sé cuándo dejará de ser un paseo y las llaves de mi casa serán la cotidianidad de siempre, el ir y venir de un lugar a otro ya no con cara de desconocida sino con cara de tatarabuela de la ciudad.

Imposible ignorar las lenguas que masajeando los dientes se dentien en un exquisito ceseo y un vale que aprueba y desaprueba. Así mismo las letras, los acentos y las entonaciones de los ingleses, los franceses, los rumanos, los africanos y los indúes que con un esfuerzo sobre humano aprendieron a hablar español, españolete, sin nunca perder, la emoción de poder decir Magnifique!, Great! o cualquier otra palabra de asombro tan perdidas en este mundo en crisis.

Por ahora las horas se pasan entre mujeres y hombres más altos que yo, una ciudad que pocas veces duerme y que la mayoría del tiempo se pasa en la calle, en la cama o en un balcón.

3 comentarios:

JessSuarez dijo...

Ay jirafita, entonces yo ahi me sentiría la más piccolina de la las piccolinas.

Me alegra leer algo de tu experiencia, y aunque no creo que te vayas a sentir como la tatarabuela de la ciudad, seguro que poco a poco te acostumbrarás a estar como en un segundo hogar.

O(ʜ)livia dijo...

qué hermoso retrato de la ciudad?
una extranjera en madrid?
suena loco, pero tengo tantas ganas de ser una extranjera en cualquier sitio... al menos por un tiempo!

Jose dijo...

¿A qué huele París? :)