mayo 16, 2012

Terapia onírica

Tal vez los sueños no signifiquen nada. Tal vez sean un juego de la mente o por el contrario y recordando a Borges sean la actividad estética más antigua del mundo. A mí siempre me dicen que me los invento, que no es posible soñar así, que cómo me acuerdo de los detalles. Esas mismas personas dicen que mis sueños son una ficción (yo como Borges creo que lo son) y seguro sigo fabulando en el momento en que me despierto y luego, cuando lo cuento. Por eso estoy convencida que "sólo podemos examinar de los sueños su memoria, su pobre memoria".

Aquí he hablado de muchos sueños que he tenido, casi todos los días me levanto, me acuerdo y escribo lo que soñé (A veces lo hago en Twitter ¡qué horror!) pero casi nunca he hablado de los sueños en los que he entendido situaciones o he perdonado personas y que son tan fuertes que lo que pasa en ellos trasciende a mi vida real. Es decir, si perdoné a alguien en un sueño luego siento que ya no tengo rabia con esa persona. Si entendí algo, luego soy capaz de resolverlo sin problemas.

Una noche por ejemplo soñé con un amigo. La verdad él siempre me gustó pero nunca pudimos hablar en serio. Nuestras conversaciones se basaban en indirectas, en chistes, en bromitas inocentes y a mí eso me preocupaba mucho. Alguna vez le dije: Ven hablemos en serio. Él me respondió ¿cuándo no hemos hablado en serio? El sueño consistía en que por primera vez hablábamos en serio, era extraño oírlo así y más aun explicándome por qué se había alejado y por qué no había intentado estar conmigo.

Primero me dijo que con la niña que salía las cosas habían sido diferentes porque ella era más tranquila y menos intensa. Me confesó que él se asustaba cuando una mujer lo llamaba más de dos veces por semana, nosotros hablábamos casi diario y nos veíamos mucho también (Qué conste, él también me llamaba) Me dijo que yo hablaba mucho y que uno de sus mejores amigos le había hecho el comentario con exclamación incluida "¡¿Cómo te la aguantás?!". Yo lo miraba y a medida que pasaba el sueño sentía que estaba entendiendo lo que nos había pasado. Mis amigas decían que él era un imbécil por no aprovecharme, que era un niño que le tenía miedo a las mujeres con iniciativa (esos pajazos mentales femeninos), yo les creía.

Sé que hablamos mucho o bueno, que él habló mucho. Yo no recuerdo haberle dicho nada, sólo lo escuché. Cuando me desperté pensé en él y la sensación del sueño volvió. Entendí que había sido mi culpa que como dice una canción muy bonita de Pedro Guerra, pensé que el amor consistía en dar sin medir el calor del abrazo ¿quién sabe qué fue? ¿qué pasó?

Yo sé que no era amor, era una traguita divertida pero luego del sueño, cuando pienso en él y me acuerdo, ya no me da rabia, ya no me pregunto ¿qué fue? ¿qué pasó? porque sé que esa noche, hablé con él en serio, por primera vez pude escucharlo y saber qué era lo que pensaba. Tal vez él fue esa noche a mi sueño y me dijo lo que estoy segura no es capaz de decirme a la cara.

¿Por qué no? Todo es tan raro que aun esto es posible.


2 comentarios:

JessSuarez dijo...

Sara, qué bonito esto. A mi también me pasa. Los sueños me dicen cuáles son mis temores, a quién amo, con quién me siento en deuda y a quién debería perdonar. Cosa extraña y hermosa soñar.

Sara Palacio Gaviria dijo...

Jess, muchas gracias por tu comentario. Tienes toda la razón, cosa extraña y hermosa el arte de soñar :)